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AY, QUÉ RICOS LOS BESOS

 

Tanto emoticono, tanto enviar besos, besazos y besitos virtuales de acá para allá…

¿Pues no nos estamos poniendo un poco pesados? Si la mayoría se quedan perdidos por ahí en la maraña de la “web” sin ser realmente saboreados por los que los reciben. En los últimos años se ha puesto de moda el mandar besitos a cualquiera por teléfono, e-mail, whatsapp, etc., sin pensar realmente si estamos siendo sinceros. Ha acabado por convertirse en muletilla para terminar una conversación, igual que ese odioso “venga” como despedida, que contagió a medio mundo en sustitución del hasta luego o el adiós.

No tengo nada en contra de los besos, mentiría si dijera lo contrario, nada más delicioso y reconfortante que un beso y un abrazo con sentimiento.

Los abrazos y los besos no sólo vale enviarlos, hay que darlos. A amigos, pareja, hijos, a   tu mascota… a quien sea, pero sentirlos de verdad.

A veces se hace necesario romper la barrera del pudor que nos impide mostrar los afectos a terceros, pero merece la pena el intento. Con los hijos y la pareja también se termina llegando a una rutina de descuido, pero con éstos es mucho más sencillo volver a tomar las riendas. Así lo hicimos nosotros hace unos años y es altamente recomendable. Nos pusimos deberes.

Cada día al entrar en la cocina me aguarda uno de los mejores momentos del día. Y no es el desayuno, que es una de mis debilidades.

Cada mañana comparto unos instantes de paz consistentes en un gran abrazo y unos ricos besos. Unos momentos de lo más reconfortantes, solo que lo curioso es que fue planificado. ¿Ficticio? No, no, de eso nada. Tras muchos años de relación de pareja, descubrimos que las ocupaciones y prisas diarias habían reducido en alguna medida esos momentos. Y un buen día dijimos: ¡eh, eh! ¡que nos estamos distrayendo de las buenas costumbres!   Y puesto que hay amor, pues hay acuerdo. ¡Esto no puede quedar así!

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Todos conocemos esas situaciones. Entrar por la mañana en la cocina cargada con la ropa para meter en la lavadora, beso fugaz, buenos días, qué tal has dormido… o salir corriendo de casa a tomar el autobús con un beso de refilón de despedida.  Así que hace unos años establecimos la “obligación” de mantener una disciplina de abrazos. Ya puede estar el agua para hacer el café hirviendo a borbotones, que lo primero es lo primero. Habrá más el resto del día, pero el día hay que empezarlo reconfortado.

Hay que poner los abrazos mucho más en práctica en nuestra vida diaria, ya nos lo vienen recordando últimamente.

¿Cuántos besos damos distraídamente y de refilón? Si, si, esos de los buenos días rutinarios, los de los encuentros, los de las despedidas… ¿pero hay más? Claro. Los del amor. A nuestras parejas, hijos, padres y hermanos. Pero aún esos, con el paso del tiempo se terminan dando por inercia, rutina, rápidamente y olvidándonos del sentir.

Abrazarnos más, mirarnos más a los ojos para no olvidarnos de leer en ellos estados de ánimo y saber que hoy el abrazo habrá de ser un poco más largo. Ponte deberes.

Y si estoy distraída…me lo pides🙂

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¿Y si ahora te muestro mi verdadera cara?

Vivimos un teatro. Nada nuevo. Todos lo sabemos.

Todo surgió a raíz de sorprenderme a mi misma pronunciando un inglés lamentable. ¿Por qué?  Si he tenido la fortuna de tener buenos profesores y la ventaja de tener como segunda lengua materna el alemán, que me facilitó el pronunciar correctamente… Por supuesto que no pronuncio como para presumir, pero siento que es bastante más aceptable que lo que escucho por la calle. Bueno, y que lo que me escucho a mi misma en ocasiones.

Es terrible, pero cada vez me ocurre más. No con nativos, ahí  me esmero al máximo. Me ocurre con amigos, conocidos, etc. Palabras sueltas o el nombre de algún grupo de rock o cantante. Decir por ejemplo “jevy” por heavy. Esa “J” que sustituye a la “H” y que casi nadie se libra de pronunciar.  O decir “Espringstin” en lugar de Springsteen. ¿Pero es que alguien ve una “E” escrita delante de las “S”? Pues resulta que me descubro diciendo esas cosas. ¿La razón? Creo que el problema está en que me horroriza parecer pedante. Tan sencillo y tan tonto. Tan TONTA. ¿Pero no son estas actitudes más típicas de adolescente?

E indago un poco más hasta preguntarme ¿y cómo soy yo realmente? Pues soy como en casa. Como la mayoría. Nuestro hogar es nuestro refugio, donde realmente nos podemos permitir ser 100 % nosotros.

¿Y fuera de casa? ¿Cómo soy fuera de casa? Pues supongo que la realidad es que generalmente un batiburrillo de varias cosas. Depende de con quién y dónde esté. Así de claro. No se comporta uno en la oficina igual que de fiesta. No se dirige uno igual al empleado trajeado y encorbatado de la oficina bancaria que a la chica que nos pregunta por la calle cómo llegar a algún sitio. Me doy cuenta de que en lo tocante a la lingüística me adapto de maravilla a distintos niveles, sin embargo debo llevar algún gen por ahí perdido de algún antepasado macarra que me ha dejado un poso con el que, para rematar, me siento confortable.

El surtido de palabrotas que pronuncio a lo largo de una jornada en mi casa probablemente sorprendería a más de uno, pero por alguna razón me parece mucho más divertido. No alarmarse, eso no se traduce en una menor sensibilidad.

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Me gusta escribir, me gusta leer y me gusta ampliar mi vocabulario. Sin embargo en muchas ocasiones dejamos de emplear un lenguaje rico y variado por prejuicios. A veces por modestia, vergüenza, no querer llamar la atención, por ganarnos simpatías… Todos sabemos modificar mejor o peor los términos que empleamos para adaptarlos a cada circunstancia.

Puedes dirigirte a un empleado del almacén de distintas maneras:

“Puedes emplear la carretilla, no obstante, si deseas acarrearlo personalmente hasta su destino, he de advertirte que el recorrido no está exento de riesgos. Una vez llegado a tu destino deposítalo con suavidad sobre el pavimento,  pues no sería deseable que esta maniobra te desencadenara una lesión.”

O bien:

“… Usa la carretilla si quieres, pero si lo quieres llevar por narices tu solo, ya sabes que te la juegas. Ah, y no tires el paquete de golpe al suelo, a ver si lo vas a joder.”

Lo normal es un término medio, pero entre ellos y habiendo buena relación, utilizarían la segunda opción.

Queda muy bonito decir que alguien es auténtico, pero no puede ser. Se puede ser íntegro en cuestiones de principios. Otro tema es el carácter. El amable auténtico lo es en todas partes, el alegre siempre lo llevará consigo y al cascarrabias siempre se le verá el plumero. Nos queda la categoría hipócritas, que son los que bordan cualquier tipo de papel unas veces con éxito y otras no.

Resumiendo, el funcionamiento que me ocupa es el que entra en la categoría del “saber estar”. La capacidad de adaptarse y encontrar el punto medio para llevar una convivencia pacífica y armoniosa. De ese modo, la preciada y reconfortante  sonrisa llega por si sola.

¿Mi verdadera cara?

La que te ofrece una sonrisa a cambio de la tuya.

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HAMBURGUESA BAZTANESA

Tengo hambre YA

Mi hija vino ayer a comer a casa.

Hasta aquí todo normal, lo típico. Los hijos de vez en cuando aparecen un fin de semana a comer por casa.

En el caso de mi hija es pocas veces al año. No porque no nos apeteciera a ninguna de las dos. El problema es otro: es autónoma.

Es jardinera florista y tras siete años de experiencia trabajando por cuenta ajena, un buen día como consecuencia de la crisis se vio en la calle. No se achantó, se apuntó a todos los cursos gratuitos que se le ponían por delante, escaparatismo, óleo, cómo montar una empresa, técnicas de venta…hasta fontanería y electricidad.

Un buen día me pidió opinión, estaba pensando en abrir su propia floristería. Y si bien me entraron sudores fríos, la animé a ello y le ofrecí mi ayuda.

No voy a explicar aquí lo que supone ser autónomo en España. Basta con hacer la búsqueda en la web y cualquiera podrá comprobar en cuatro líneas las dificultades a las que se enfrenta cualquier emprendedor que además no disponga de un buen respaldo.

El caso es que a partir de aquel día temblaron los cimientos de todo y ya no había otro tema de conversación.

Me sumergí de pleno en un mundo hasta entonces totalmente nuevo para mi. Me puse manos a la obra y  de forma autodidacta y muerta de miedo, empecé a investigar e introducirme en el mundo de la publicidad. Diseñé una página web, di de alta una página en Facebook, abrí un Twitter para la tienda, creé un blog relacionado con la Naturaleza, altas en webs de novias, en google y allá donde veía que podía ser de interés. Una vez creado todo aquello, había que mantenerlo activo publicando regularmente fotos, comentarios y lo que se me ocurriera. Realmente unas cuantas horas diarias al ordenador que no se me hacían en absoluto penosas, pues mi afición a la fotografía también tenía una salida por aquella vía. Y ella se lo merecía. Una luchadora y trabajadora como ella merecía apoyo.

Community manager. Así me llamó mi hija un día, jaja. Ni siquiera conocía ese término, que busqué en la web y me sirvió para aprender muchas cosas más.

Pero las horas que he dedicado a lo largo de estos dos años no son nada al lado de la esclavitud de un autónomo. Prácticamente todos los días de la semana en activo. Apenas un día entero libre a la semana. Marchar por la mañana y volver a casa en muchas ocasiones no antes de las diez de la noche. Apenas vacaciones, para muchos ni existen. Vida familiar prácticamente nula. Tener hijos sería una irresponsabilidad.

Y comer…

¿Qué come un atónomo? Para empezar, los ingresos de los primeros años, si es que los hay, son para cubrir gastos como se pueda. Y ahí es donde entra también la Community manager en versión madre. Viajes semanales con fiambreras de comida hasta la tienda. Y ya que estamos, te barro y te friego un poco, hija, que con el poco tiempo que tienes…

Este mes de agosto cerró la tienda por las tardes debido a la poca afluencia de público y ¡qué bien! vino a casa a comer. Se sirvió dos veces y de postre un trozo de tarta casera. Qué ricos están estos calamares “Mar Vivo”, me dijo. Le dije que eran facilísimos de hacer, que podía preparárselos ella sin ningún problema.

A lo que contestó que ya no era cuestión de fácil o difícil. Es que ella cuando llegaba a casa el tema era de vida o muerte. Y lo resumió en una frase:

Tengo hambre. Y tengo hambre YA.

No había tiempo ni de cocinarse algo medianamente sencillo.

Me entró la risa a la vez que esa simple frase me servía para comprenderla sin pero alguno.

Y estoy escribiendo esto porque me doy cuenta de que las jornadas laborales de hoy en día no permiten una alimentación saludable. Ni los ingresos una cesta de la compra sana.

Escribo esto como protesta a esa conciliación laboral que nunca llega. El poco trabajo y los bajos salarios españoles no dejan hueco para amar, ni para comer adecuadamente, ni para descansar, ni para hacer ejercicio, fomentan la obesidad, la depresión y aísla de las relaciones sociales. La situación laboral española fomenta la enfermedad en todas sus variantes.

Tengo hambre. Y tengo hambre de justicia YA.

Un placer haberte visto por casa, hija🙂

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Verde

VERDE

Voy a terminar con las sesiones de colores y lo haré con el verde.

Parece que según las encuestas el azul es el color favorito de la población tanto femenina como masculina. El verde queda en segundo lugar. Sin embargo es el color preferido por la mayoría de personas de mi entorno. Debería ampliar la consulta.

El verde está tan ligado a la Naturaleza que me parece imposible que no guste. Ese verde clarito y fresco de todos los nuevos brotes de hojas y hierba cuando estalla la primavera es un deleite para la vista, un placer de dioses.

Ese verde es el que más me gusta. Verde manzana, verde pistacho… los oscuros no me atraen.

Lo verde está íntimamente ligado con lo sano y supongo que a todo el mundo esto le resulta interesante.

Si tuviera que hacer una relación de alimentos de color verde, no acabaría. La lechuga, el brócoli, el calabacín, el pimiento, el kiwi, el aguacate, la alcachofa, uvas, manzanas, peras, espárragos, apio, espinacas, guisantes, perejil, la refrescante menta… todo supuestamente saludable.

Pues yo no me apeo de la burra y pese a que creo alimentarme de forma bastante saludable, cada vez que veo los documentales de la 2 con esos elefantes, hipopótamos, búfalos, gacelas, osos, etc. tan orondos y tan fuertes ellos, otros delgados, pero de una potencia y agilidad envidiable. ¿Todo eso sólo de comer verde?

Por cierto, no dejéis de leer mi entrada de hace un par de años titulada “La lechuga engorda”.

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Buenobueno, que me distraigo.

El verde para mi es sinónimo de inmensos prados y montes, frescos helechos, preciosas ranitas venenosas unas y simpáticas otras, exóticas aves y frondosos árboles.

Por encima de todo, el verde me huele bien. Y el olfato es uno de mis más preciados sentidos.

¿Qué dicen otros?

Sin lugar a dudas es el color de la Naturaleza. Es el color más relajante para la vista y se le presupone un efecto sanador. Sugiere estabilidad, armonía, serenidad, frescura y esperanza.

Vamos con las frases o dichos.

“Es un viejo verde”. Ésta es un clásico de toda la vida, referida a aquellos señores entrados en años que sólo tienen ojos para las mujeres.

“Está un poco verde”. Empleado para definir a todo aquel o aquella que aún es un poco inexperto/a en cualquier ámbito.

“Verdes las han segao”. Del refranero popular español, que viene a decir que “ni hablar”, o sea, que no, que de ninguna manera, en aquellos casos en los que se nos consulta o pide permiso para algo. El origen está en la necesidad de que maduren los campos antes de empezar a segarlos.

“Le puso verde”. Poner verde a alguien es sinónimo de criticar y hablar mal de él.

“A buenas horas, mangas verdes”. Se utiliza cuando algo o alguien llega tarde o a destiempo, o sea, cuando ya no sirve para nada.

Qué bien, el color verde me ha dado algo más de juego que los otros colores. ¿Se os ocurre alguno más?

Mientras tanto voy a por las fotos.

 

 

 

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ROJO

Aquí entro yo.

Si me preguntan cuál es mi color preferido, siempre digo que el rojo. El caso es que no hay una razón de peso. En realidad me gustan tanto tantos colores… Y además siempre depende de para qué.

No es lo mismo el rojo para decorar la casa que una amapola en el campo. Vaya, lo de siempre, cada uno tiene sus preferencias.

De cualquier modo me gusta. Y lo sigo sintiendo como mi preferido aunque no me siento demasiado identificada con él.

El rojo abunda también en la Naturaleza, flores y hojas de otoño también se tiñen de ese color.

Los tejados de las casas en muchos lugares son rojos, frutas como manzanas, las cerezas, fresas, frambuesas, sandía, la granada, el arándano, los tomates, el vino, los pimientos…

¿Mi preferido?  El de las amapolas, sin duda.

¿Qué se dice del color rojo?  Dicen que se asocia al peligro, por ello se utiliza siempre para advertir de peligros.

La pasión, el deseo, el amor. Fortaleza, energía, decisión, valor, fuerza de voluntad.

Y con respecto a la salud, parece que mejora el metabolismo, eleva la presión sanguínea , el ritmo respiratorio y ayuda a superar la depresión.

Frases o dichos relativos al rojo:

“Esto está al rojo vivo”, empleado cuando una situación está muy tensa o peligrosa.

“Ponerse colorado”. Literalmente. Todos lo hemos vivido, jaja. Siempre que pasamos apuros relacionados con la timidez o vergüenza, el miedo al ridículo, las meteduras de pata, quedar en evidencia… Os lo dice una experta😉

 

Vamos con algunas fotos.

 

 

Teorías de andar por casa

Toda la vida he tenido una pésima memoria, algo que lamento enormemente, ya que con lo curiosa que soy me habría podido convertir en un buen disco duro al que acudir cada vez que me surgiera una duda.

Para colmo con los años esto va en decadencia. Sudokus, crucigramas, lectura en español y alemán, escritura… en fin, hago lo que puedo y le echo arrobas de humor, pero no sé yo…

Dándole vueltas al tema se me ocurrió recientemente un invento casero para darle aún más vidilla a las cuatro neuronas que me quedan.

Me he propuesto dejar las manos quietas mientras hablo para obligar al cerebro a hacer todo el trabajo de encontrar las palabras adecuadas.

Quizás de ese modo obligo a mi cerebro a trabajar algo más, sin el comodín de las manos, ese hábito tan nuestro de gesticular.

¿Que estoy como una cabra?

Da igual. Voy a probar.

Sólo hace falta que me acuerde de ponerlo en práctica.

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9 junio 217

Rosa

Éste color si que me resulta conflictivo, jaja.

En mi adolescencia aborrecí a muerte el color rosa. Era el color de lo cursi por excelencia. Tanto, que desde entonces todo lo que me huele a cursi hace que me salten las alarmas.

Por suerte me he “desradicalizado” un poco y hasta alguna vez (sólo alguna) me visto con algo de color rosa. Creo que lo mío con lo cursi ha derivado en algo enfermizo. Y no vayáis a pensar que soy una especie de troglodita que sale de casa con los pelos revueltos, nono… yo siempre salgo de casa al menos un poco pintada y vestida dentro de lo que los demás verían como normal (al menos eso espero).

Lo que me cuesta digerir es la “monería y el postureo”. Y quien abusaba del color rosa solía entrar en ese colectivo cuando yo era jovencita. Ya veis que me dejó poso…

Pero vamos al color. ¡Pero si es bonito y alegre! Salvo el pastelón, tan soso él.  El rosa es alegre, es otro de los colores preferidos por las flores que tanto nos recrean la vista en campos y jardines.

Se dice de él que representa el amor, la amistad, lo femenino, la positividad y a lo infantil. ¡Y no parece tener ninguna connotación negativa!

Si hasta el único dicho que recuerdo con respecto a ese color es el de “ver la vida de color de rosa”.

Creo que hoy no será difícil adivinar qué fotos van a servirme como ejemplo🙂

 

 

 

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GRIS

Uuuuy… este color si que es peliagudo.

Aburrido, feo, soso. Me parece poco apetecible. Lo gris simboliza la falta de color.

En realidad siento que es el color que mejor representa  lo que se dice de él. Melancolía, duda, falta de energía, falta de empatía, carencia de sentimientos. Como positivo se le achaca la disciplina y la constancia.

Lo encontramos en el cemento, asfalto, las nubes amenazantes, las sombras… La Naturaleza también lo incluye. Tenemos elefantes, rinocerontes, aves, gatos, conejos, koalas, perros, caballos, cocodrilos, ratones ¡unos cuantos! ¿Será por aquello de pasar más desapercibidos?

Tenemos además  los poco apetecibles días grises, aquellos faltos de luz y nublados. Ese gris que parece que se tragara el resto de los colores y a los humanos se nos resiente el humor.

También vinculado a la salud. La piel cenicienta es síntoma de estar enfermo. Se asocia con la vejez, por aquello de que el pelo se torna gris con los años.

Lo gris también se aplica a personas, aquellas que son serias, cascarrabias y antipáticas.

Naaada, todo esto habría que erradicarlo. Hay que ponerle color a todo como sea.

¿Frases o dichos?

Sólo recuerdo la de “eres un cenizo”, referido a aquel o aquella que siembra mala suerte por donde pasa.

Siempre me ha resultado graciosa esa expresión.

Si, ¿Qué pasa? De algo hay que reírse, no todo va a ser gris.

Bueno, si, que todavía me queda poner unas fotos, je.